¡Ingenuos! quienes piensan que Borge quedará libre.

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Hay quienes siguen incrédulos; quienes perciben que la vida del gober saliente seguirá siendo de opulencia y hedonismo, protegido por amigos, protegido por la imagen de su puesto en desalojo, de una imagen que él creía esculpir para inmortalizarla; su propia historia de bronce.

Borge es un idólatra pagano, creyente del poder, ese es su dios, el dios mortal (Leviatán) es su pastor, a él le encomienda su vida; al uso y abuso del poder, y cuando lo tuvo en sus manos perdió el piso, perdió la cordura, y ahora sigue su libertad, porque él es el mortal y hoy el poder ha bendecido a otro.

Pero los que “perciben” que todo va a seguir igual, no piensan, cierran los ojos a las razones, cierran los ojos ante el descomunal saqueó y profanación del puesto público. Aunque la realidad se pinta de un color diferente y a Borge lo está empezando a perseguir la justicia como si fuera su propia sombra.

Aparte de los espectadores incrédulos, están los del círculo cercano, los cortesanos del gobernador, estos, sus más leales seguidores aun están cegados por el brillo del poder solemne y de las riquezas amasadas; arrebatas al vulgo.

Los cortesanos no entienden que los beneficios con los que les cobijó su jefe (Borge) no le costaron nada, pero a ellos les cambió la vida, para ellos el mundo dio una vuelta y se les resolvió la existencia (necesidades económicas y vanidades sociales), ahora se sienten propiedad de Borge, cuando nada les dio, nada de él, les abrió las puertas del vecino para que robaran, nada más, los regalos que salen del bolsillo ajeno no valen, y no lo entienden, y así seguirán muchos en su ignorancia; leales como perros hasta el final.

Tanto espectadores incrédulos cómo cortesanos creen que la política se maneja tras bambalinas, que el espectáculo mediático ya está planeado, todo bajo control. Y se equivocan, aunque sí se planea todo, a los actores les gusta improvisar -robar cámara- y así la obra se sale del guion, cosa que sucede con frecuencia.

La función se llamará: “los tres cochinitos corruptos”, Peña representará al lobo feroz. El guion es el mismo de siempre, los cochinitos se salvan y el lobo es el gran perdedor, el malo y el incompetente pendejo.

Todos los actores están en comunicación, se dicen entre ellos que todo irá al pie de la letra, puntos y comas, pero Peña está listo para improvisar, de masticar a cada puerquito en escena, primero a Duarte de Ochoa el de la casa de paja, luego a Borge con su casa de madera y el último Duarte con sus ladrillos a lo mejor se salva después de los primeros dos sacrificados.

Y es que ha de cansar ser el presidente pendejo, pensará Peña que por una vez sería bueno no quedar en ridículo ante el público, ante México y ante el mundo. Además, con elecciones cerca, se hace todo lo posible para vender, y el marketing del poder no conoce amigos.

Para todos los incrédulos, el destino de Moreira les da seguridad de su escepticismo, pero Moreira ganó Coahuila para su partido, dejó a su hermano en su lugar, levantó la mano a Peña para llevarlo a la presidencia ¿Quién lo va a perseguir? ¿Su hermano o Peña?

Hay que voltear a ver a Reynoso Femat, él perdió su estado y hoy está preso, hay que ver a Granier, también perdió su estado y hoy preso tiene que purgar en prisiones federales y luego en estatales.

Mañana Quintana Roo será el estado con mayor número de ex gobernadores tras las rejas, dos (y súmenle a Félix cuando pierda fuero), hagan sus apuestas.

 

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