Borge, tienes que renunciar. Carta abierta.

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Borgebiografiadeunperdedor

Quintana Roo esta llamas, está ardiendo en su dimensión política, es el centro de una discusión nacional, siendo objeto de un severo análisis en cuanto a la estructura autoritaria de los poderes legalmente constituidos.

Y nosotros, los ciudadanos de Quintana Roo estamos presenciando un caudal de acusaciones sobre el abuso y corrupción en esta administración, tanto en la prensa local, nacional e internacional. Como ínfimo ejemplo, el académico y periodista Ricardo Raphael escribió hace apenas unos días:

Las acusaciones de corrupción en contra suya son incontables. En todo caso lo complicado es encontrar actos legales durante su administración.

¿Qué podemos esperar del gobernador del estado en este momento? Cuando menos una reacción, un desmentido, una renuncia, una explicación, una disculpa, sea sincero con usted, con la gente, al menos trate de quitar ese acartonado teatro que usted ha levantado, esa pared de descaro y cinismo que muestra la esencia más perversa de la historia de la política.

Gobernador, ¡haga algo!

Ayer la PGR en conferencia de prensa hizo públicas las acciones de inconstitucionalidad que interpone en contra del “blindaje” legislativo que su Congreso está cocinando. ¿Por qué la PGR tiene que llegar a ese extremo? No hay forma de conciliación con usted, solamente los medios de impugnación constitucionales pueden evitar el grosero intento por cubrir la impunidad del sinnúmero de acusaciones que pesan sobre su administración.

Pero entonces no será sólo la nueva administración local la que esté al pendiente de los expedientes que se interpongan contra usted, también la justicia federal tendrá intención de aclarar cuentas (intención política), y no se diga de nosotros los ciudadanos que vivimos en carne propia los métodos autoritarios más burdos. Así, por lo que resta de su vida le recordaremos y le pediremos a usted y a su familia por la justicia y dignidad que se nos fue negada en su momento.

Señor gobernador, está claro que usted nunca llenó la investidura (porque no se mide en una talla física sino ética), jamás ha dado a conocer su verdadera intención como gobernante, jamás ha dado la cara a quienes le hemos pedido la verdad.

Usted dará un último informe de gobierno en un mes a partir de ahora. Deje los formalismo y la solemnidad a un lado, abra una confesión de la realidad que todos conocemos, y haga de esta confesión una única acción de respeto durante su gobierno.

El recuerdo de un gobernador blandengue (porque sólo sirvió a una minoría) en las tierras caribeñas, un dictador a medias, no es una sana imagen de un padre (hijo, primo, etc. cualquier ser humano) sea cuando menos una persona que podría redimirse en el futuro.

Hoy seguramente es la persona más odiada de Quintana Roo, una posición que día con día se está afianzando. Así que le sugiero que mejor caiga con ánimos de redimirse, y no en la negación de la resaca que le está dejando el desenfrenado abuso del poder.

Usted tuvo la oportunidad como gobernante y falló, falló olímpicamente, humilló al estado, y lo que puede esperarse es que su nombre será escrito con vergüenza por nuestros descendientes.

Renuncie, confiese, corrija, entregue las riendas del poder, pida perdón y gane una pizca de decencia.

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