Cuesta arriba para Carlos Joaquín.

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Detrás del maquillaje, parece que Quintana Roo se está cayendo a pedazos, cuando menos en Chetumal es difícil acordarse de una obra emblemática en este último sexenio, tal vez la inconclusa aula magna de la UQROO, o la remodelación de la avenida Héroes (mayoritariamente de inversión federal), la unidad UNEME ¿cual más? ¿La inconclusa sede de la Universidad Tecnológica?

Hay quienes piensan que a Carlos Joaquín lo van a querer frenar con las posiciones políticas ganadas por la coalición PRI-PVEM-PANAL, en el Congreso y en los Ayuntamientos, pero lo que no se está considerando es que de por sí el estado puede desquebrajarse por completo con esta sacudida política que podría intentar -infructuosamente- referida coalición.

Tal vez Carlos Joaquín ya se estaba adelantando a los tiempos de crisis que siguen después del desfalco que han experimentado las instituciones públicas en estos dos últimos sexenios, por eso su lema fue: “oportunidades para todos”, y no: “inglés para todos” o “pases gratis para todos” como decía el candidato oficial.

Sus promesas fueron pocas y es que ya no podemos decir que Quintana Roo es un estado rico, es un estado con un turismo a gran escala; el cual tiene como costo inmediato un impacto ambiental que en corto o mediano plazo podría crear el efecto contrario (es decir, alejar al turista).

Igualmente, la inseguridad en la zona norte va en aumento, tal vez aun se piensa que no es tan alarmante, pero el problema radica en que los números de la violencia aumentan año con año, no es ninguna sorpresa que Acapulco -el anterior centro turístico más importante del país- hoy sea una de las cuatro ciudades más violentas en el mundo (según el Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y la Justicia Penal, de acuerdo al número de homicidios dolosos por cada 100,000 habitantes) y Quintana Roo está siguiendo sus pasos.

Quintana Roo no era un estado con finanzas extraordinarias, su mayor ventaja era su potencial, un potencial del que se abusó por medio de los créditos adquiridos. Y como experiencia propia no hay nada más frustrante que pagarle intereses a los bancos, y ahora de nuestros impuestos también hay que pagar inmensos intereses de las deudas del corrupto gobierno estatal.

Carlos Joaquín tendrá que llegar con la chequera abierta a pagar, de eso no hay duda.

Lo que hay que exigirle es que llegue todavía con más ímpetu a cobrar los recursos que se puedan recuperar. La montaña de dinero que adeuda el estado no desaparecerá, hay que pagar cada peso.

Hoy 15 de junio renuncia el titular de la Auditoria Superior del Estado…

Con el estado desvencijado Carlos Joaquín tiene una responsabilidad cuesta arriba.

 

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