La izquierda en Latinoamérica (Noroña y Calderón de la mano).

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La “izquierda” es un mito, una mentira comúnmente aceptada en el lenguaje partidista y periodístico. La ciencia política ha desmentido que exista tal cosa como izquierda o derecha en el siglo XXI, muy a pesar del título del presente escrito.
Es tal vez la idea más común -de acuerdo a los precedentes del siglo XVIII- que la ideología de izquierda está asociada el cambio y a la igualdad social, mientras que la derecha es más conservadora. En la política del siglo XXI estos tamices ideológicos son absurdos, tomando en cuenta que el sistema político democrático necesita la participación de los ciudadanos para elegir a los gobiernos, de tal manera que la ideología política debe tener respuestas concretas a las problemáticas del país, y no tendencias tan generales.
La dicotomía sobre los sistemas económicos capitalismo-socialismo, ha repercutido como parte de la discusión ideológica, sin embargo, el adoptar un sistema socialista es difícil de sostener, porque no depende de un régimen democrático, es decir, que debe tener una fe ciega en quienes controlan al Estado (parece más un cuento para niños que un sistema funcional).
En vez de “izquierda” como ciudadanos debemos considerar a la “oposición” y entender las propuestas de las diferentes opciones que formulan.
Y es aquí donde debemos entender la delicada línea de la verdadera discusión dicotómica en las ciencias políticas, acerca del autoritarismo y el régimen democrático. Latinoamérica tiene vergonzosos antecedentes sobre estos aspectos.
Guillermo O´Donell (1994) entendió a la democracia en Latinoamérica como una “democracia delegativa”, es decir, que la votación sólo sirve para elegir una figura presidencial con poderes metaconstitucionales en la que actúa prácticamente sin controles ciudadanos ni contrapesos.
Venezuela no puede perder de vista un posible traspié si en caso de que en las próximas elecciones presidenciales se le dé un cheque en blanco a la oposición. En ese caso no sería un gran cambio el que Madero deje poder, ya que se estaría creando una nueva “casta privilegiada” en el poder (en palabras de Ferrajoli).
Hay que respetar a la oposición (algo que en México no parece suceder), Pasquino afirma:
No ha resultado nada fácil para los sistemas políticos reconocer, y mucho menos valorar, el papel y la contribución de la oposición a su funcionamiento. Sólo cuando lo han hecho y en la medida en que han podido valorar ese reconocimiento, los sistemas políticos han dejado de ser autoritarios para convertirse en democráticos. (1998, p. 39)
De esta manera se pueden deducir dos cosas, que quienes no forman parte del partido en el “poder” son por tanto parte de la oposición, además de que los mecanismos de participación ciudadana y cultura política en Latinoamérica aun es precario (aunque hayan pasado más de cuarenta años desde las teorías de O´Donell).
Robert Dahl contribuye -además de su extensa obra dentro de la ciencia política- con tres axiomas sobre la competitividad de los regímenes poliárquicos:

1. La probabilidad de que un gobierno tolere la oposición aumenta en la medida que disminuye el precio de dicha tolerancia.
2. La probabilidad de que un gobierno tolere la oposición crece en la medida en que aumenta el precio de suprimirla.
3. En la medida en que el precio de la supresión exceda al precio de la tolerancia, mayores son las oportunidades de que se dé un régimen competitivo. (2009, p. 24)

El desgaste de la intolerancia es demasiado, y en Venezuela es donde se hace más evidente la forma en que funcionan estas premisas, ya que el actual partido gobernante tiene tanto la presión de la oposición interna como la presión de la comunidad internacional. No puede mantenerse por mucho tiempo y las elecciones anteriores han sido muestra de esto.
Noroña y Calderón de la mano.
En México el sistema de partidos ha sido excepcional a nivel mundial, y es que el PRI (y sus denominaciones anteriores) han simulado un “mercado de partidos” (Sartori, 2005, p. 284), y siendo un partido hegemónico-pragmático que además se acerca a un partido de tipo amalgama (2005, p. 285), podríamos decir que es un monstruo de mil cabezas, por lo que es más complicado identificar a una “verdadera oposición”; quienes se les pueda diferenciar de los beneficios extralegales del abuso autoritario del sistema político.
En el caso de la reciente polémica en la que el expresidente de México Felipe Calderón por medio de las redes sociales crítica al polémico político y exdiputado federal Fernández Noroña, por haber hecho público un viaje recreativo a Argentina.
“Las peores hipocresías: Declararse de izquierda y con los pobres y viajar de derecha como los más ricos” fue el mensaje de Calderón, bastante efectivo en la estrategia propagandística, argumenta con sentido común pero descalifica en lugar de argumentar.
El presente escrito no intenta defender a ninguno de antes mencionados, sin embargo ambos carecen de la vocación democrática y más bien se identifican con aprovechar los mensajes cortantes y el amarillismo político, la banalización de la política definida por Ferrajoli (2008) como parte de la crisis de la democracia del siglo XXI.
Posiblemente ambos tienen la ligera noción de la participación democrática, primero Noroña hace público su viaje, jamás lo niega, mientras que Calderón hace un llamado al escrutinio público debido a que Noroña no tiene un puesto en el gobierno o en su partido; y por lo tanto no es claro como financió su viaje.
Noroña debe saber que si quiere seguir siendo una figura política democrática importante, debe transparentar gastos excesivos como esos, tal cual él mismo crítica al gobierno. Y Calderón da muestra de su mejor recurso, la descalificación; proteger los valores democráticos con una cortina de humo intolerante, fuera de cualquier tipo de debate abierto.
Al final, ambos son los grandes ganadores, porque los ponemos en los reflectores políticos, y ambos están en el mismo bando: el de la oposición.
Perdemos los ciudadanos, porque mientras la oposición actué de la misma forma, no se asegura la vocación democrática, sino que se privilegia lo mercadológico por encima de lo ideológico.
Felicidades a Noroña y a Calderón, seguramente renovaron un poco sus aspiraciones políticas (en al caso de Calderón; las de su esposa).
La cultura política en México sigue siendo pobre, y estos políticos la empobrecen aun más.

Dahl, R. (2009). La poliarquía. Participación y oposición. España: Yale University Press.

Ferrajoli, L. (2008). Poderes Salvajes. La Crisis de la Democracia Constitucional. Madrid: editorial Minima Trotta.

O´ Donell, G. (1994). “Delegative Democracy”. Journal of Democracy. United States: National Endowment for Democracy and the Johns Hopkins University Press.

Pasquino, G. (1998). La oposición. España: Alianza editorial.

Sartori, G. (2005). Partidos y sistemas de partidos. Madrid: Alianza Editorial.

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