La influencia del arte en el proceso de democratización. (México y el cine de la “sociedad abierta”).

ALEJANDROG

…la más preciosa de todas las formas de libertad: la libertad intelectual.
K. Popper

 

La evolución nos ha dotado como seres humanos de una capacidad de razonar muy superior al del resto de los animales, pero no significa que nos haya dado una capacidad de socializar en la magnitud del número de habitantes que existen en el mundo actualmente. Es decir, como casi todos los animales existentes, el ser humano debió haber evolucionado para vivir en grupos pequeños, en sociedades limitadas, pero las sociedades posmodernas no tienen un paralelo demográfico con las sociedades antiguas o de los grupos humanos prehistóricos.
De esta forma, el comportamiento biológico instintivo del ser humano no puede funcionar en la realidad social actual, sino que el funcionamiento humano en esta circunstancia ahora se define principalmente por la racionalidad. Pero esta racionalidad basada en los valores democráticos sólo puede ser contextualizada por medio de la educación y la comunicación masiva.
Esta condición humana nos remite a lo que explica de manera magistral Hannah Arendt acerca de cómo entender a la esfera pública posmoderna:

…al igual que el mundo en común, nos junta y no obstante impide que caigamos uno sobre otro, por decirlo así. Lo que hace tan difícil de soportar a la sociedad de masas no es el número de personas, o al menos no: de manera fundamental, sino el hecho de que entre ellas el mundo ha perdido su poder para agruparlas, relacionarlas y separarlas. Esta extraña situación semeja a una sesión de espiritismo donde cierto número de personas sentado alrededor de una mesa pudiera ver de repente, por medio de algún truco mágico, cómo ésta desaparece, de modo que dos personas situadas una frente a la otra ya no estuvieran separadas, aunque no relacionadas entre sí por algo tangible. (2009, p. 62)

Las obras científicas sociales, pueden expresar de manera objetiva esta realidad y su importancia, sin embargo carecen de fuerza para una difusión capaz de repercutir socialmente en la valoración de los principios del comportamiento social. Sin embargo, cuando las expresiones artísticas populares retoman estas ideas; pueden llegan a tener una influencia relevante en el imaginario social y en la discusión pública.

La ciencia política ha dado muestras de una gran flexibilidad metodológica, sin embargo los estudios académicos que tengan como eje central obras artísticas y su influencia en la democratización es escasa.
Grandes movimientos sociales o también las reformas legales son tomados históricamente como parte aguas de los avances en materia de democratización, cuando el mayor alcance de estos es en romper prejuicios sociales (en cuestión de derechos humanos de las minorías) y de criticar abiertamente al gobierno, el cual debe estar siempre bajo escrutinio público si puede considerarse como democrático.
En este sentido las obras artísticas de masas tienen un lugar privilegiado; un mensaje social construido en una canción o libro puede encauzar y dirigir la opinión pública sobre el tema en cuestión, se trata entonces de la génesis de la misma idea de libertad que se encuentra inmerso en la concepción de la democracia moderna. La noción de libertad de expresión y de pensamiento está enraizada en la expresión artística, en el entretenimiento y formación que crean en los individuos por el simple gusto que les genera. Este gusto por una obra de arte inspira y convence.

Música y cinematografía contemporánea.

Tal vez un punto nodal del impacto de la música en la agenda de debate público fue en la década de los sesenta del siglo XX en Estados Unidos, y el tema central fue principalmente segregación racial y el racismo latente en gran parte del país, cuando los grandes valores democráticos otorgaban el estatutos de igualdad a todos, de manera práctica no existía tal igualdad.
Bob Dylan ejemplifica lo que fue este debate de una forma tan natural en su canción “Blowin´ in the wind” que inmediatamente se convirtió en un éxito de ventas y sus ideas contenidas fueron tomadas como referencia obligada del debate público.
Algunos versos como “How many years can some people exist before they’re allowed to be free?” o “How many roads must a man walk down Before you call him a man?” aluden específicamente a las características de los afroamericanos de la época, con respecto a que no importaba cuantos años tuviera una persona de raza negra adulta porque se les seguía llamando niños (boys) en lugar de hombres. Entonces las preguntas que lanzaba dentro de su canción no eran en modo de protesta, sino de razonamiento, de revisar los conceptos y reglas de organización social que se planteaban desde el nacimiento de la nación; y que no se cumplían.
Esta condición de nación hipócrita o que no corresponde a su propia naturaleza constitucional, la plantea en el verso: “How many times can a man turn his head pretending he just doesn’t see?”, porque no es a nivel del Estado el hecho de que haya racismo, sino que esto sucedía a nivel individual y respaldado por la autoridad, los ideales democráticos se contraponían con prejuicios raciales.
Igualmente, cuando Dylan menciona que la respuesta a estas interrogantes se encuentran en el viento, crea un aura de ambigüedad, puede entenderse como si la respuesta esta tan cerca como en nuestras propias narices, es decir, a nuestro alcance, o puede ser que haya sido una cuestión elusiva. Al final, crea más una atmosfera para discutir más que para resolver, pone en bandeja de plata la primera dimensión de democratización de Dahl.
Aunque James Brown con “Say it loud (I´m black and I´m proud)” y Billy Holiday con “Strange fruit” pusieron parte de la opinión acerca del racismo desde el punto de vista de los afroamericanos, tal vez la canción más representativa fue por parte de Sam Cooke con “A change is gonna come” con versos como: “There have been times that I thought I couldn’t last for long/but now I think I’m able to carry on/It’s been a long time coming, but I know a change is gonna come.” Sam transmitió la vida como afroamericano, y la esperanza que les daba que existiera un cambio en el que se terminara la segregación y el racismo.
Otras canciones importantes que determinaron en buena medida la perspectiva social fueron más recientemente los grupos Rage Againts the Machine y Green Day. En México y Latinoamérica podemos mencionar a Molotov, sin embargo, aunque tuvo algunos mensajes representativos, la gran carga de sátira les restó cierta credibilidad.
Bob Marley por su cuenta expresó grandes episodios de lucha social en el Caribe y que promovieron una crítica global, mientras que las canciones de Jonh Lennon igualmente fueron un estandarte de resonancia mundial. Los mensajes de estos dos compositores fueron desde la paz hasta la crítica del papel de la mujer en la historia.
La música en Estados Unidos e Inglaterra no sólo ha sido participe de los movimientos sociales de sus respectivos países sino que sus artistas han hecho suyas problemáticas universales e incluso problemáticas de otros países, como el caso de la “Do they know it´s christmas” y “We are the world” cuyas canciones compuestas e interpretadas por un colectivo de músicos y cantantes contienen un mensaje dirigido a la pobreza y hambruna en África, y cuyas ganancias fueron donadas para la causa.
De esta forma las fronteras se van cerrando, y las políticas capitalistas e imperialistas dirigidas por las empresas transnacionales y gobiernos de estos países son tamizadas con la exportación de la cultura política participativa, por lo que las condiciones democráticas dentro de estas naciones -que cuentan con una mayor tradición en este sentido- son exportadas en forma de todo tipo de expresiones artísticas.
En la cinematografía los mensajes pueden ser más concretos y profundos, con número de películas acerca de la corrupción en la política o derechos humanos, incluso de la democracia como pilar de la sociedad, así tenemos las películas biográficas de Gandhi, Nelson Mandela (Invictus), Abraham Lincoln, etc.
Esta fuente artística ha dado fuertes golpes en beneficio de la cultura política, sin embargo, la gran cantidad de producciones de entretenimiento sin sustancia cultural provoca que el alcance de películas que aportan significativamente al debate público y a la propia cultura política participativa se pierdan entre tanto “ruido”.
Inclusive películas como “Star Wars” conciben la organización social democrática como la única y mejor forma de gobierno, no hay lugar a dudas de que el poderoso mensaje se puede diluir en esquemas tan simples como la lucha entre los buenos y los malos. Por lo que es posible definir que el arte que aporta al esquema democrático no puede ser un molde que se use infinitamente, sino que la creatividad debe seguir innovando la forma en que se conciben los beneficios de la realidad.

México, literatura y muralismo.

Tan sólo mencionar las obras de Luis Spota, Carlos Fuentes, Juan Rulfo, Jorge Ibargüengoitia, Mariano Azuela, etc. excelentes escritores que en algunas de sus obras emblemáticas capturan la esencia de los caciques y del sistema político mexicano.
Lamentablemente su público se extiende principalmente en las elites sociales o fuera de las fronteras nacionales, y la resonancia de la injusticia no permea como debería en las naciones latinoamericanas.
Obras como las realizadas por el llamado muralismo mexicano de Siqueiros, Clemente y Rivera que lograron consolidar en el imaginario mexicano los valores de la revolución, incluso el espíritu de inconformidad con el régimen anterior, la lucha social y la búsqueda de la educación, sin embargo su impacto no fue uniforme en la heterogeneidad del país y la búsqueda de la identidad nacional superó por mucho la iniciativa de democratización.
Esta lucha social del arte muralista no educaba a la gente sobre la forma en que funcionaba el sistema político, ni siquiera su concepción, en este caso las personas que tienen una cultural política parroquial no conocen o ni siquiera tienen una referencia del funcionamiento del sistema político, de tal forma que el arte muralista desde un comienzo tenía una misión limitada por las condiciones sociales, se constriñó a que la sociedad no tenía la suficiente educación para que sus obras tuvieran un peso de democratizar o de cambiar el tipo de cultura política mexicana, sin embargo su valor es palpable, su influencia no se limitó a su tiempo y aún las promesas de la revolución están sin ser satisfechas, por lo que siguen siendo un pilar en el pensamiento democrático del México moderno.

Artistas cinematográficos mexicanos contemporáneos, un fuerte hilo conductor.

Lo que caracteriza a estos artistas mexicanos de la generación actual (nacionalidad aparte) es ejercer su condición de ciudadanos del mundo, de enfatizar a través de sus oficios el mensaje de crear una sociedad abierta (1); con el que se pueden englobar los principios y dimensiones de la democratización (Dahl, 2009).
Los principios de una sociedad abierta no tienen que ser característicos del neoliberalismo capitalista, sino que es necesario separar el sistema económico (en un principio), para concebir un sistema político incluyente. Desde la perspectiva del siglo XXI tienen que tomarse como principios fundamentales -después de la libertad e igualdad jurídica (y de oportunidades)- el entender el “desarrollo humano” como el desarrollo individual de cada persona y no como el crecimiento económico del Estado, y que los intereses de grupo sean superados para favorecer la pluralidad e integración social.
Es en este contexto que una generación de mexicanos han destacado en la creación de obras artísticas cinematográficas que identifican al fenómeno de la globalización con los temas históricos y actuales; de relevancia para el orden social y político. Hacen de las historias regionales accesibles a todos como la guerra civil española con “El espinazo del diablo” y “El laberinto del fauno” con la visión fantástica de Guillermo del Toro, o “Diarios de motocicleta” y “No” películas Latinoamericanas de lucha y resistencia en donde actuó Gael García, también “Milk” donde actúa Diego Luna tiene la característica de narrar un suceso clave de la apertura política contemporánea, y “Biutiful” de Alejandro González Iñárritu que da cuenta desde Europa de entre otras problemáticas visibiliza la esclavitud moderna y el actual fenómeno migratorio.
Mención aparte podemos encontrar la película “Babel”, que entrelaza historias internacionales con rasgos humanos comunes, y de “Los hijos del hombre” de Alfonso Cuaron, que hace una estampa plausible del futuro inmediato (con sus dosis de ciencia ficción), en la cual podemos observar el punto cúspide del problema demográfico (antes de que la raza humana pierda la capacidad de procrear) y de migración imparable. Se vuelven obras para entender y cambiar al mundo.
Tampoco hay que olvidar el cine que está especialmente dirigido al público mexicano con las películas de Luis Estrada como pilares de la crítica (y sátira) política con las fenomenales películas: “La ley de Herodes”, “Un mundo maravilloso”, “Infierno” y “La dictadura perfecta”. Decir que estos largometrajes son incómodos es poco, son muestras fieles de los abusos de las autoridades, de un “Estado de derecho” deficiente (por decir lo menos), hace eco del cinismo sistémico; un autoritarismo con demagogia en el que los mismos ciudadanos son cómplices.
Por lo tanto, es posible reconocer una ideología semejante para las obras realizadas o en las que colaboran estos artistas; una clara contribución a la restauración o renovación los hilos asociativos humanos.
Por supuesto que cada uno tiene una idea personal para trabajar en sus proyectos, cada uno tiene una gama ecléctica de trabajos, pero ninguno está anclado a México, porque la tendencia actual es la dejar atrás el estatismo social e histórico. Queda el Estado como algo obsoleto, el México político estatista es un proyecto añejo que palidece frente el México social y un posible nuevo orden (2).

 

  1. De acuerdo al concepto de Popper.
  2. Un cambio de régimen es necesario, es difícil aceptar las deficiencias institucionales del sistema político mexicano, pero el cambio verdadero no es una alternancia partidista sino la inclusión de nuevos actores, reconfigurar las instituciones y ejercer los preceptos auténticos de la democratización política y social.

 

Referencias.

Arendt, H. (2009) La condición humana. Buenos Aires. Paidos.
Almond, G. y Verba, S. (1963) La cultura cívica. Estudio sobre la participación política democrática en cinco naciones. Madrid: La editorial católica.
Dahl, R. (2009) La poliarquía. Participación y oposición. España: Yale University Press.

Popper, K. (2010) La sociedad abierta. México: Editorial Paidós.

Sartori, G. (2007) ¿Qué es la democracia? México: Santillana.

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