John M. Ackerman. El mito de la transición democrática.

el mito de la transiciónMéxico no es una democracia, y lo que le hace falta al país de manera prioritaria es un cambio de régimen. Esta idea central del libro cuando menos puedo considerarla como un dique monumental, como un tope al desenfrenado abuso por parte del sistema político de lucrar (mediáticamente) de la tan afamada transición democrática en México. Por supuesto que la idea tiene que crecer y tiene que aceptarse de manera general para que sea eje de cambio político, pero los argumentos son convincentes, la realidad no se puede ocultar, y Ackerman ha urdido una nueva concepción que para los académicos ha resultado difícil apreciar, pero para los mexicanos (comunes) ha sido una noción latente, incluso desde tiempos anteriores a la alternancia partidista.

En México la simulación política es un arte que se ha perfeccionado desde antes de la Revolución, y que posteriormente el PRI desarrolló de manera magistral. Y es que pocos dudaban en reconocer al país como un democracia representativa, a mediados del siglo pasado incluso González Casanova tituló a su libro más representativo como: “La democracia en México”, es verdad que con la evidencia empírica destacó que no existía un sistema de partidos, pero la concepción de que México era un democracia no se discutía en su texto, la democracia era un mentira aceptada.

En buena parte fue desde el extranjero que las críticas sobre el sistema permearon en el país, Sartori lo hizo evidente precisando objetivamente (desde la Sociología y la Ciencia Política) que México tenía un gobierno autoritario y lo etiquetó como una pseudodemocracia. Posteriormente, declaraciones como las de Vargas Llosa de calificar como la “dictadura perfecta” al sistema político mexicano, fueron parte del resquebrajamiento de la simulación. Estas posiciones ideológicas y la realidad social (entre ellas: la represión, la pobreza, la inequidad económica, etc.) dieron lugar a plantear el cambio, ese fue el punto histórico clave; reconocer cual era la problemática para que los ciudadanos ordenaran sus demandas políticas. Se volvió parte de la agenda ciudadana sacar al PRI del poder.

Pero la situación no es tan sencilla, con el PRI fuera de la silla presidencial se consideró que México por fin tenía un régimen democrático, y hoy, habiendo pasado 15 años de la reverenciada alternancia partidista en el poder ejecutivo federal, aun hay dudas generalizadas sobre esta supuesta “democracia”.

Ackerman nos saca de dudas, y nos explica como los trazos legales constitucionales pueden ser democráticos, pero la realidad nos ha mostrado tantos abusos, trampas, actos de corrupción generalizada, vínculos entre políticos y el crimen organizado, que simplemente no hay evidencia de que se haya seguido el “guión” de la democracia.

Dentro del libro sobran datos de evidencia empírica que respaldan la posición central, y aunque algunas afirmaciones del autor no sean tan unilaterales como nos quiere hacer ver, el argumento toral es demostrado holgadamente. Además encontramos que las instituciones mexicanas en muchas ocasiones funcionan con un perfil totalitario en detrimento de la naturaleza legal democrática; tal cual nos ha anticipado el jurista Ferrajoli.

Lamentablemente Ackerman no abona explícitamente en la discusión académica dentro del enfoque sistémico de la Ciencia Política. Esta siendo una omisión delicada ya que desde esa perspectiva se escuda la clase política, bajo la premisa de que mientras existan elecciones y organismos autónomos podemos declarar democrático al país, pero la realidad es muy diferente y aunque se describe a la perfección en el libro, como no se usan indiscriminadamente las herramientas metodológicas académicas, la posición de la comunidad académica no apoyará abiertamente las conclusiones a las que llega Ackerman. Aunque ese llegará a ser un problema menor.

Este debería ser un texto obligado para los estudiantes de educación secundaria, media superior y superior. Porque en este momento la historia estatista inmediata es peligrosa para el futuro de la ciudadanía mexicana ya que observa como positiva la continuidad del régimen político, sólo la crítica objetiva puede trazar un nuevo camino y dejar atrás la falta de democratización en el país.

Espero no ser demasiado optimista, pero con las ideas irruptoras, precisas y fundadas de esta obra, Ackerman adelanta a México un paso ideológico en su trayecto a una verdadera transición democrática.

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